Blog de Manuel Saravia

Ockham

Hace cuatro años Bea Esteban me regaló un tenedor telescópico. En principio parece un tenedor normal, pero si viene al caso (si las croquetas quedasen demasiado lejos, por ejemplo) puede alargarse y permite llegar así, desde la segunda fila, al objetivo deseado. Un problema concreto, una solución inmediata.

Guillermo de Ockham es un filósofo franciscano del siglo XIV, nacido en Surrey (Inglaterra), que tuvo gran influencia política y teológica en los siglos XIV y XV. Pero lo que más se ha extendido hasta hoy de sus propuestas (dejando aparte que fue la referencia para el personaje de Guillermo de Baskerville, en El nombre de la rosa) es lo que se conoce como “navaja de Ockham”, o “principio de parsimonia”, que dice así: “En igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la correcta”.

Mercedes Cantalapiedra lo denominaría “a rolex o a setas”. Y nosotros, humildemente, nos permitimos aportar lo que podríamos denominar “el tenedor de Ockham”, que también podría ser conocido como “tenedor de Bea”: “En igualdad de condiciones, la propuesta más sencilla suele ser la preferible”.

¿Cuál es el problema? Pues precisamente el de definir el problema y las condiciones. Porque si se definen mal, lo que acabe planteándose será una banalización del asunto que no lo resolverá bien. Y lo cierto es que las cosas suelen ser algo más complejas. Mas, “¿qué es la complejidad?”, se preguntaba Morin en la Introducción al pensamiento complejo. “A primera vista –decía- es un fenómeno cuantitativo, una cantidad extrema de interacciones e interferencias entre un número muy grande de unidades”. Pero “comprende también incertidumbres, indeterminaciones, fenómenos aleatorios”.

De manera que si abordamos el problema de la integración del tren en la ciudad de Valladolid (por poner un ejemplo que suele abordarse con extraordinaria simplificación), aunque desearíamos aplicar tanto la navaja como el tenedor, lo cierto es que Morin acaba llevándose la palma.


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